nacimiento de villanueva de cordoba
Tenia Villanueva de Córdoba a mediados del siglo XVI, 280 vecinos, considerándose ya como una población de alguna importancia entre las que constituían el estado del Valle de los pedroches.
La única autoridad que en aquellos tiempos había era un alcalde ordinario para conocer en las causas civiles, siempre que la cuantía del litigio no fuese mayor de trescientos maravedises, Todos los demás asuntos estaban sometidos a la resolución de los alcaldes ordinarios de la villa de Pedroche, y en cuanto a lo criminal, reducíanse sus atribuciones a hacer información de los hecho punibles, prender a los inculpados y conducirlos con las debidas precauciones y seguridades a Córdoba, hasta ponerlos a disposición del señor Corregidor de dicha ciudad.
Esta carencia de autoridad en un pueblo ya algo numeroso ocasionaba a diario grandes molestias y perjuicios. Para reclamar justicia tenían precisión los vecinos de ir a Pedroche, abandonando sus ocupaciones y labores y permanecer allí los días que tardaban en solucionar los asuntos. Como no todos podían suplir los gastos del viaje y estancia, sucedía que los pobres y aun los medianamente acomodados, dejaban de pedir justicia y defenderse de lo que injustamente se les pedía en bastantes ocasiones.
Eran ademas frecuentes las molestias y vejaciones que tenian que sufrir de alguaciles, emplazadores y golillas, que en todo tiempo fueron iguales, y que tan exactamente retrató y ridiculizo años después años después nuestro inmortal poeta satirico Francisco de Quevedo. Grande era el deseo que tenian los vecinos de Villanueva de Cordoba de “emanciparse de la tutela” de la villa de Pedroche, y de adquirir personalidad própia, consiguiendo los derechos que tenian adquirirdos otras poblaciones, no solo por evitarse los gasttos y molestias indicados, sino porque la localidad tuviese la preponderancia y gozase de la consideracion que por su importancia merecía.
Este deseo tuvo satidfaccion cumplida merced a la Real Carta-Poder que el Emperador Carlos I de España y su madre reina doña Juana, llamada "la loca", otorgaron a favor del principe D. felipe, hijo y nieto respectivamente de ellos, documento firmado por él Emperador en Argentina el día 18 de Septiembre de 1552. Por él se le autorizaba para que pudiese dar privilegios de hijodalgos, y para nombrar villas á los lugares que estuvieron sujetos a otras jurisdicciones, siempre que abonasen la cantidad que le pareciese justa.
Tan pronto como se promulgó la Carta-poder aprovechó la ocasión el Ayuntamiento y acordó solicitar para éste pueblo el titulo de villa. Para ello se confirió poder á D. Juan de Herrera, el que cumplimento el mandato hizo la petición en legal forma.
Fue ésta considerada justa por varias razones, por la, importancia del pueblo, por los servicios que los vecinos y moradores habían prestado al rey, por los socorros que el pueblo había facilitado y facilitaría para gastos de guerra, porque se ofrecieron, y despues se entregaron setecientos mil maravedises, (20.588 reales) para la guarda y provecho de las fronteras.
En su consecuencia, el príncipe D. Felipe (después Felipe II), accediendo á lo solicitado, otorgó y firmó en Madrid el día 18 de Abril del año 1553, la Carta-mandato que á continuación se copia, hechas las necesarias correcciones ortográficas para su más fácil lectura y comprensión.
Dice así:
(Texto de la carta-mandato de Felipe II)
(Foto)
Texto extraido de:
"Historia de la villa de Villanueva de Cordoba", Juan Ocaña Prados.
SOLIA
Dicese por algunos historiadores antiguos, que los pobladores de nuestra peninsula mostraron predilección por el Valle de los Pedroches, y que los fenicios. cuando le ocuparon, llamáronle por sobrenombre Valle de las :Mararvillas; los cartagineses,: Valle de las Conquistas; Los Romanos, Valle de los Metales; y los arabes, valle de la Ilusión. No siendo nuestro objeto inquirir ni aquilatar la veracidad de estas afirmaciones, vamos á circunscribirnos á la narración breve y sencilla de cuanto se relaciona con Villanueva de Córdoba.
En nuestra humilde opinión, ya en los tiempos primitivos, existieron habitantes en diferentes puntos de lo que hoy es su término jurisdiccional, como lo prueba el hecho de haberse encontrado en distintos parajes hachas de piedra, de las que se conservan algunas y que el vulgo les da el nombre de Rayos; Sepulcros de piedra labrados, vasijas, restos de edificaciones; objetos y monedas de varias épocas.
Que los romanos, habitaron en estos sitios y explotaron cuanto pudieron las abundantes minas que existían en el término, como se justifica con los pozos maestros, con los grandes montones de escoria y con otros signos que aún subsisten, y que en algunos casos han servido de brújula para constituir nuevos cotos mineros que son explotados nuevamente, cual sucede en la actualidad con las minas del Águila al sitio de la Vacadilla y, por último, que los moros, si no construyeron población alguna agrupada, edificaron casas, labraron el terreno y aprovecharon los productos del arbolado en muchos puntos, siendo frecuente aun en el día, hallar en algunos altozanos, cimientos y residuos de viviendas que el vulgo denomina Villares, y que ejercieron influencia en nuestros usos y costumbres, dando nombre á varios pagos de terreno, como por ejemplo: Los Almadenejos, Pedro loro y otros. Hechas estas observaciones generales, pasamos á tratar del principal objeto de este capítulo. En tiempo de los romanos estuvo situada hacia el paraje que hoy lo está Villanueva de Córdoba, una de las dos poblaciones que existieron con el nombre de "Solía", estando la otra en Sanlúcar la Mayor.
En el concilio celebrado en Iliberi, donde hoy es Illora, firmó el acta Eumencio, cura de Solía, ignorándose en cual de las dos poblaciones ejercerla, su ministerio. Ignórase también el sitio exacto donde se instaló nuestra Solía. Unos historiadores dicen que lo estuvo hacia el sitio que está Villanueva, y otros manifiestan que en el mismo que hoy ocupa este pueblo. Puede sospecharse con fundamento, que lo estuvo en este recinto ó en sus más próximas inmediaciones, por haberse encontrado vasijas, monedas y restos de antiguas viviendas. Sobre lo que no cabe duda alguna, es sobre la existencia de Solía en estos sitios, la cual está probada y perpetuada por una piedra, cuyo fotograbado estampamos al final de este capítulo, la cual fue hallada á principios del siglo XVI, en un pozo llamado de las Vacas, situado entre el callejón de este nombre y el De Torrecampo, á distancia de 400 metros del pueblo próximamente, habiéndose conservado gracias al buen acuerdo que alguien tuvo de embutirla en el muro (le la fachada principal de la Iglesia, al lado izquierdo entrando en ella.
Tiene la piedra, que es de 1'26 metros de largo por 0'35 de ancho, una inscripción ilegible, en su mayor parte; pero según se comprende por la parte legible y por la descripción que de ella hizo el historiador cordobés Ambrosio de Morales, fue el hito ú mojón divisorio de los términos jurisdiccionales de tres pueblos. De Sácili, gire estuvo situado en el paraje llamado Alcorrucen, próximo á Pedro Abad. De Idias, poblados que existieron donde hoy Hinojosa del Duque y Belalcázar y de la referida Solia. Indudablemente sostuvieron litigio los tres pueblos, sobre deslinde de sus términos, y Julio Próculo, cuyo nombre se expresa claramente en la inscripción, Juez imperial de la Bética, durante los años 362 al 364 de nuestra era, dictó en el promedio de este tiempo, la sentencia que en la piedra se indica. Tiene, pues la inscripción una antigüedad de 1.548 años, y es una prueba fehaciente, verdadera é irrefutable, de que en estos sitios estuvo situada la antigua Solia.